sábado, 19 de mayo de 2018

Unidad 2 Sesión 5 Actividad 2



Marco Teórico

Antecedentes.


Si observamos los principales datos sobre la malnutrición mundial, las cosas parecen estar tomando la dirección correcta: las cifras globales de las Naciones Unidas muestran que la proporción de personas desnutridas en el mundo se ha reducido del 15% en 2000-2002 hasta el 11% en 2014-2016.
Sin embargo, si profundizamos un poco, la situación se vuelve mucho más complicada. Casi una de cada tres personas en el mundo padece al menos una forma de malnutrición: emaciación, retraso del crecimiento, deficiencias de vitaminas y minerales, sobrepeso u obesidad, y enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación. Los progresos logrados hasta el momento no bastan para alcanzar los objetivos establecidos por la Asamblea Mundial de la Salud para 2025 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se deben cumplir en 2030.

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible se indica que debemos poner fin a todas las formas de malnutrición. Aunque hemos visto una reducción de la emaciación, han aumentado todas las demás formas de malnutrición, entre ellas la obesidad infantil y las deficiencias de vitaminas y minerales que causan anemia.
«Casi una de cada tres personas en el mundo padece las consecuencias de la malnutrición: emaciación, retraso del crecimiento, deficiencias de vitaminas y minerales, sobrepeso u obesidad, y enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación».
En la actualidad, hay casi 41 millones de niños con sobrepeso en el mundo, lo que representa un aumento de 11 millones desde 2000. Este crecimiento ha sido más rápido en los países de ingresos medianos, muchos de los cuales deben combatir tanto la desnutrición como la obesidad, además de las enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación.
Un buen ejemplo de ello es Asia meridional, donde viven más de la mitad de los 52 millones de niños que padecen emaciación causada por el hambre. La situación es tan grave que representa una crisis para la salud pública. Sin embargo, la región se enfrenta también a un drástico aumento de la obesidad. Entre 2000 y 2016, el número de niños menores de cinco años con sobrepeso ha aumentado de 5 millones a 7,9 millones.
La obesidad juvenil, entre los 10 y 19 años de edad, es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI.  Este problema de salud se define como una enfermedad crónica compleja, caracterizada por  un exceso de almacenamiento de la grasa corporal, que se divide en  sobrepeso y obesidad.1
Esta entidad representa una de las afecciones endocrino-metabólicas más frecuentes y es el punto de partida de un importante número de enfermedades tales como diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico y algunos tipos de cáncer.
La prevalencia de la malnutrición por exceso en adolescentes ha ido aumentando progresivamente en el curso de los últimos años en la mayoría de los países del mundo.  Datos expuestos por la Coordinación Nacional de Nutrición del Ecuador en el año 2013 mencionan que en el país existe un  incremento sostenido de la obesidad juvenil, incluso igualando a la prevalencia existente a nivel mundial.
El origen de la malnutrición por exceso es multifactorial, la gran mayoría de obesos corresponde al grupo de obesidad primaria, exógena o nutricional; un número muy reducido se debe a enfermedades genéticas o endocrinológicas. Los estilos de vidas no saludables, modificables por la conducta, como los malos hábitos nutricionales y el sedentarismo contribuyen a la aparición de sobrepeso corporal y obesidad, se consideran factores de riesgo para la aparición de esta enfermedad y por consiguiente de otras enfermedades crónicas no transmisibles.  El desarrollo científico-técnico permite el mejoramiento de las condiciones de vida, la humanización de las condiciones de trabajo y la facilitación de las tareas domésticas, lo que propicia, unido a la existencia de insuficientes políticas de salud, el incremento del sedentarismo.
Existen otros factores ambientales, comerciales y culturales que influencian la dieta, la actividad y el ejercicio.  Estos tienen su mayor efecto en niños y adolescentes, en un momento para el cual ya se han establecido en gran medida los patrones de preferencias alimentarias y de consumo asociadas con la obesidad pediátrica. La familia es el pilar fundamental de donde se desarrollan las sociedades y tiene un rol importante en la aparición y solución de un gran número de problemas de salud pública.  La presencia de factores familiares condiciona la aparición de la malnutrición por exceso en  los adolescentes.
Investigaciones relacionan entre los factores asociados a la obesidad pediátrica a padres con baja escolaridad, trabajos de los padres a tiempo completo, dinámica familiar disfuncional, familia extensa, gasto mensual destinado a alimentación mayor al del ingreso mensual, el factor migratorio y niños con depresión.  Otros estudios5, 10han demostrado que la relación entre las condiciones socioeconómicas y la obesidad pueden variar según los ingresos, el sexo y la edad. 
Una de cada cinco personas en el mundo, es decir, 1200 millones de personas, son adolescentes. La idea general es que los adolescentes son sanos. Han sobrevivido a las enfermedades de la primera infancia, y sus problemas de salud asociados con el envejecimiento están todavía muy lejos.
Es durante la adolescencia cuando, (al igual que en la infancia) se establecen los cimientos de la edad adulta y de la vejez. Los adolescentes tienen necesidades básicas de supervivencia como lo son la calidez y una alimentación adecuada.
La mala alimentación en los adolescentes es la causa de muchas de las enfermedades que actualmente se presentan como son la hipoglicemia, Diabetes, Gastritis, Enfermedades de tipo mental, Enfermedades  Gastrointestinales, Anorexia, Bulimia, Cáncer Intestinal y Anemia. Por eso es importante crear una conciencia social acerca de una alimentación balanceada, de igual forma es importante orientarlos para no aceptar la influencia total de la publicidad, la cultura de la imagen perfecta y la propia influencia tanto familiar, como social.

¿Cuáles son los principales factores que influyen en la mala alimentación?
*INFLUENCIA PUBLICITARIA:
 Televisión, radio, panorámicos, prensa, Internet entre otros
*INFLUENCIA SOCIAL:
 Colegio, amigos,  centros comerciales  etc.
*INFLUENCIA FAMILIAR:
 Padres, hermanos, primos, tíos, pareja
 Los factores que influyen directamente sobre la alimentación son: disponibilidad de alimentos y hábitos alimentarios, como primordiales. Las empresas alimentarías conocen estos elementos y dirigen sus campañas publicitarias a influir sobre hábitos y prestigio social, ignorando conocimientos nutricionales.
Y las consecuencias de la mala alimentación  son:
     Mala regulación menstrual (en las mujeres)
     Debilitamiento de la estructura ósea  (los huesos)
     Orientación negativa para un futuro como madres o padres, por la falta de calcio y energía en el cuerpo
•Repercusión psicológica para el desarrollo de un futuro, en los diferentes ámbitos
Problemática en las relaciones sociales

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